martes, 1 de octubre de 2013

You worry too much

Volvía a casa bajo la lluvia, furiosa. Puteaba por la lluvia, las inconsistencias de las transacciones bancarias y las vueltas de la burocracia postal. Por qué todo se complica tanto, pensé. En el medio de mis lamentos posmodernos, levanté la vista y me topé con un camión inmenso que acababa de estacionar frente a la casa de sepelios de la cooperativa local. Tenía las puertas abiertas de par en par y en su interior se podían distinguir alrededor de cinco filas repletas de ataúdes. Serían alrededor de veinte cajones. Una renovación de stock que pude presenciar de manera fortuita y, sin querer, le puso fin a todos mis problemas.